¿Quién soy?

Esta soy yo con mi actual familia
Lilu apareció en mi vida hace 10 años. Una mezcla de labrador preciosa, simpática, nerviosa, controladora, insegura… Gracias a ella me formé (y mucho) en EDUCACIÓN CANINA RESPETUOSA y estoy hoy aquí. Hizo que me replanteara todo lo que sabía sobre perros y aunque me equivoqué con ella al principio (clases de adiestramiento grupal, agility, tirarle la pelota 300 veces la día, habilidades muy molonas, “autocontrol” …), hemos conseguido una gran relación en la que las dos nos entendemos y confiamos una en la otra. Evidentemente con las nuevas incorporaciones a la familia ya no hice ninguna burrada y todo ha sido muchísimo más sencillo para todos.
Puedo hacer mucho por vosotros
- He ayudado a más de 500 familias a construir una sólida relación con sus perros en estos 7 años
- Sólo he podido ayudar a familias que vivieran cerca de mi. Ahora puedo ayudarte vivas donde vivas, desde la comodidad de tu casa. ¡¡Esto de internet es la leche!!
- Yo tardé más de 5 años - y un montón de dinero - en adquirir mis conocimientos, y sigo formándome cada día. Y me encanta la idea de poder compartir todo ese conocimiento contigo
- Opinión no solicitada: "Lo que más me ha gustado es el enfoque que le da gemma a la educación canina. Para ella prima la buena relación entre el can y su dueño lo que para mi, también es la base de todo. Recomendado! PD: Blondie agradece que gemma haya educado a su dueña! 😜"
Mi historia como educadora comenzó con Lilu
¿Nunca te han dicho: “educa a tu perro”??
A mi si, con Lilu me lo decían constantemente.
Antes tuve otro perro llamado Xip del que me decían lo contrario. Era un perro que andaba perdido, que rescataron unos conocidos y acabó conmigo por casualidad.
Con los años entendí que los dos tenían el mismo problema pero cada uno lo gestionaba de diferente manera.
Xip ha sido mi primer amor (en términos de perro), ya sabes el que no se olvida. Íbamos a todas partes juntos, lo llevaba en la moto, iba siempre suelto porque NUNCA se alejaba de mi, y con personas desconocidas, perros o lo que fuera, se alejaba, se me pegaba a las piernas y a seguir.
Así que era un perro que no molestaba a nadie, que siempre iba a mi lado y que por la razón que sea, ladraba poco (extremadamente poco para ser un yorki)
Para el mundo entero era un “perro educado”, pero aunque ganó muchísima seguridad con el tiempo, ahora se que era un perro con muchos miedos.
Estuvimos juntos sólo 4 añitos, ya era mayor, tenía demasiadas lesiones anteriores (le zurraron y mucho, parece), solo le quedaba medio riñón en funcionamiento, así que al cabo de unos años los riñones dijeron basta y tuvo que irse.

♥Xipito♥
Tardé más de un año en decidir que quería otro perro, pero también por casualidad, una amiga tenía unos conocidos con una camada no deseada y apareció Lilu.
Enseguida pensé, si con un perro adulto he conseguido la complicidad y la relación que tuvimos con Xipito, con un cachorro que ya será mío desde el principio, eso tendría que ser coser y cantar.
Pues si cambias coser por morder y cantar por ladrar, eso es lo que pasó durante los 12 meses siguientes.
Llamé a un educador, que a los dos minutos ya quería ponerle collar de adiestramiento y le hizo un par de alpha rolls.
Me fui pitando.
Llamé a otro, este iba con chuches, hicimos 3 o 4 clases, y parecía que mejoraba, pero OSTRAS!! el día que se me acababan las chuches a medio paseo…. un drama.
Nos apuntamos a clases de obediencia en grupo, no entendía nada, todos caminado en círculo, mientras mi perra ladraba a diestro y siniestro. Otro fiasco
Entre medias me tragué todos los episodios de César Millan y hasta me compré un libro suyo, y lo peor, hasta veía que tenía sentido lo del líder de la manada.
Entonces escuché hablar del Agility, en las clases parecía que a Lilu le gustaba el tema, pero al salir de cada clases, ladridos, me mordía la correa, me mordía a mi…
Pasó casi un año, en el que cada paseo era un espectáculo. Yo cogida a los árboles para que no me tirara al suelo (ya pesaba 30 kilitos la nena), salía de casa con la mochila llena de chuches y juguetes y en cada paseo esperando a ver por donde me salía y que trastada hacía. Llegaba la mitad de los días llorando a casa, la correa mordida, la chaqueta mordida, los pantalones mordidos…
Pensé, tengo que aprender más sobre obediencia y modificación de conducta, así que me apunté a un curso intensivo para ser educadora canina (si aprendo como ellos, conseguiré lo que ellos, esa era mi lógica). Me llevé a Lilu a 600 km de casa, un mes entero con clases mañana, tarde y noche. Aprendí un montón, así que a la vuelta, empezamos a practicar todos los días.
En cada paseo hacíamos mínimo 20 minutos de obediencia y truquitos y tirarle la pelota unas 30 veces, para cansarla.
LLegamos a controlar un montón de comandos, hasta conseguí llevarla suelta por Barcelona, nos parábamos en cada semáforo (con su sienta), iba a comprar el pan (con su tumba fuera) y en el parque todo el mundo nos miraba porque hacíamos un montón de truquitos chachis.
Vale, los paseos parecía que estaban resueltos, en casa no tenía graves problemas (algún mando de la tele mordido, algún que otro cojín …) pero nada extremadamente grave.
Entonces pasó algo extraño, la gente que me veía en el parque, comenzó a preguntarme si podía enseñarles y pensé, ¿porqué no?
Hice muchos más cursos, sobre adiestramiento en positivo, gestión emocional, necesitaba sentirme preparada para poder enseñar a otros perros.
Y así empecé, de eso hace casi 10 años.
En estos años he seguido formándome, y formándome y cada vez tenía más claro que la obediencia no era la solución a nada. Que lo del líder era una aberración y que Lilu era obediente pero no feliz.
Empecé a formarme con profesionales sobre gestión emocional, etología y comunicación. Sobre entender a los perros, reconocer sus características individuales y sus necesidades.
Y por fin, Lilu y yo comenzamos a conectar.
Pasé de exigir a observar.
Pasé de frustrarme a entender las situaciones y adaptarme a ellas.
Algunos de mis clientes no entendieron el cambio, seguían pensando que el adiestramiento era el camino, no les juzgo, a mi también me costó darme cuenta.
Encontré otro tipo de clientes, personas que desean una buena relación con sus perros, que no quieren estar todo el tiempo controlando y exigiendo y que la felicidad de sus compañeros es su objetivo como familia.
Yo tardé casi 3 años en darme cuenta de que Lilu tenía problemas, y no eran problemas de conducta. Eran problemas de necesidad de control, de inseguridad, de poquísima seguridad en si misma, estrés crónico, ansiedad…Así que Lilu se pasó 3 años pidiéndome apoyo y recibiendo otra cosa que no le solucionaba para nada sus problemas.
Lo que se veía era una perra que ladraba un montón, que necesitaba subirse a todo el mundo, que “daba besitos” a todos los perros y personas que encontraba, y que tiraba de la correa. Ansiosa con la comida, que no podía estar quieta, que demandaba atención contínuamente y con pánico a los ruidos fuertes.
En el momento en el que mi enfoque fue entender los porqués y dejé de fijarme tanto en los qués, comenzaron los cambios verdaderos.
Ya ni recuerdo la última vez que se me subió. Ni la última vez que me pidió que le tirara algún palo o pelota.
Ha conseguido hacer verdaderos amigos perros, a los que no necesita chequear contínuamente, se comunica con otros perros de una manera efectiva, ya no salta a los desconocidos, ya no pide comida en la mesa de manera desesperada (y le sigo dando cuando me da la gana, sobre todo queso, ¡¡le chifla el queso!!).
Y sobre todo, me mira a mi, no a mi mano por si llevo alguna chuche. Con una mirada relajada y tranquila.
Sus miedos no han desaparecido, pero ya no se esconde, busca mi apoyo y le reconforta.
Ha sido un proceso lento, 3 años de mierda no se recuperan en 1 mes, pero vale taaanto la pena!!
Hace unos 4 años apareció Corben (el pincher) y dos años más tarde dos hermanos mastines (Ellie y Groot) y con ellos por suerte, ya no tuve que hacer experimentos. Cada uno tiene sus necesidades, su personalidad y nos vamos adaptando unos a otros desde la confianza y la comprensión.
¿Son perfectos? para nada.
¿Son felices? pues como todo el mundo, unos días más que otros.
Todos hemos pasado por mil desventuras con nuestros perros, intentando hacer lo mejor con la información que tenemos.
Por eso te propongo que tengas la información correcta, la que te hará ver a tu perro como lo que es, no como se espera que sea, y poder seguir el resto de vuestras vidas conviviendo en armonía.
Aprende conmigo, o con quien sea, pero aprende para comprender. No te quedes con los tips y consejitos superficiales, profundiza y encontrarás un mundo aún más fascinante de lo que puedes imaginar. Y tu perro mejorará, te lo prometo. Y tu mejorarás, te lo prometo.
Para empezar:

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